
Facsímiles de la revista que se publica desde 1957.
La publicación tiene 54 años y su vida completa dedicada a la
inteligencia militar. Se llama, como no podía ser otra manera, Manual de
Informaciones. Su sede actual queda en Campo de Mayo, pero durante la
última dictadura se editaba en Viamonte y Callao, donde funcionó el
temible Batallón 601. Varios ejemplares de esa época son prueba
documental en un juicio por violaciones a los derechos humanos. Héctor
Ratto, un ex trabajador de Mercedes Benz que estuvo
detenido-desaparecido, los aportó en el marco de la causa 4012. Sostiene
que la automotriz donde se desempeñó y otras compañías como Ford,
Techint y Astarsa (que ya no existe) financiaron a los servicios del
régimen mediante “la publicación de avisos comerciales destinados a
dicho estamento militar”. Un repaso al número correspondiente a
noviembre-diciembre de 1978 confirma su aserto. Allí aparecen
publicidades considerables de esas empresas y de otras como Bunge y
Born, IBM, Bridas, Citröen, Frávega, Alfombras Meller, los bancos
Nación, Deutsche y Popular Argentino, entre otros. El staff de la
revista tenía varios integrantes del personal civil de inteligencia que
figuran en los listados que difundió el gobierno nacional el año pasado.
Creado en 1957 bajo el auspicio de la jefatura del entonces Servicio
de Inteligencia del Ejército (SIE), el Manual de Informaciones tomó
como modelo “las publicaciones que editaba la División de Informaciones y
Educación de las Tropas del Ejército de Estados Unidos, conocidas bajo
el nombre de Armed Forces Talk”. Hoy, según puede leerse en su sitio de
Internet, “es una publicación trimestral donde se desarrollan temas de
interés particular para el personal especialista en inteligencia
militar”. Sus primeras ediciones se distribuían de manera gratuita en
cuadernillos de 16 páginas y con trabajos presentados “como proyectos de
clases de instrucción y charlas de conducción interior concebidas para
motivar, consolidar y robustecer las convicciones democráticas”. Algo
muy poco probable, ya que en el ’57 gobernaba el general Pedro Eugenio
Aramburu, uno de los militares que habían derrocado a Perón en 1955,
cuando se produjo la autodenominada Revolución Libertadora.
Dos décadas después, el director de la revista era el teniente
coronel Mauro Borghi y su secretario general, el mayor retirado Federico
Carbia. La secretaria Blanca Nélida Kesseler, los diseñadores Perla
Lila Riachi, Carlos Torres y Carlos Ghellinaza y la responsable del área
publicitaria, América Echezarreta, figuran entre los 4300 agentes del
personal civil de inteligencia que dio a conocer el actual subjefe del
Ejército, general de división César Gerardo Milani, el 5 de febrero de
2010.
No aparece en esa lista, curiosamente, el único periodista de la
redacción mencionado en el staff durante la dictadura. Se trata de
Enrique Martínez Codó, quien aún continúa escribiendo en el Manual. Este
veterano periodista versado en temas de espionaje es un estudioso de la
CIA y sus técnicas de recolección de información. En el número de
enero-febrero-marzo de este año (ahora la publicación es trimestral)
escribió sobre el Open Source Center u OSC, por sus siglas en inglés,
algo así como el Centro de Explotación de las Fuentes Abiertas de
Inteligencia de Estados Unidos. “Si es verdad que del 85 al 90 por
ciento de la Inteligencia global proviene de fuentes abiertas, parecería
que los esfuerzos y estudios realizados para crear un organismo
específico de esta actividad –llámese OSC u Osint– no estarían
desacertados como algunos piensan y que sería oportuno hacerlo cuanto
antes... siempre de acuerdo con las tiranías presupuestarias”, reclama
Martínez Codó.
De obra prolífica, el redactor omnipresente de la publicación
militar siempre se ha ocupado de temas castrenses vinculados con la
inteligencia, aunque a menudo con una mirada cruzada por la Guerra Fría.
Su Guerrillas tras la cortina de Hierro, prologado por el general
español Luis García Rollón, un ex profesor de la Escuela Superior del
Ejército de su país, data de 1966. Es un trabajo sobre el Ejército del
Pueblo Ucraniano, que combatió desde adentro contra la Unión Soviética.
Su prosa sigue vigente cinco décadas después. La Asociación de la
Prensa Técnica y Especializada Argentina (APTA) lo premió por su
artículo “El Bicentenario, un desafío para la Inteligencia Militar”,
publicado en el número 2 del Manual de Informaciones editado en 2010.
Allí escribió: “El soldado de la Ciberguerra y la Ciberdefensa no emplea
armas de fuego ni es experto en explosivos; sus armas son sólo una
computadora y un simple ratón; pero eso sí, debe ser un experto en
tecnología electrónica, una cuestión eminentemente intelectual, que
marca la necesidad de una capacitación intensa, pero no necesariamente
militar”.
Este artículo tiene más que ver con la orientación actual de la
publicación, donde se escribe sobre la geopolítica de Google Earth o la
geoestrategia del clima, sin desechar artículos de militares
estadounidenses –que nunca faltaron en sus ediciones– sobre las
invasiones de Irak y Afganistán. En plena dictadura y aun después de los
peores años del terrorismo de Estado, la línea editorial de los
servicios que conducían el Manual tenía inquietudes como “la explotación
subversiva del conflicto generacional”, tal el título de una nota
escrita por el licenciado Jorge Méndez. En el ejemplar de marzo-abril de
1980 se lee que “la conducta asocial juvenil anticipa en superficie
tendencias actitudinales que de alguna manera ya tienen vigencia
clandestina”. En el número anterior de enero-febrero, otro licenciado,
Pablo Cruz, escribía sobre “la estrategia psicosocial marxista en
Occidente”.
Otto Skorzeny, el militar nazi que rescató a Benito Mussolini en el
Gran Sasso el 12 de septiembre de 1943, también tenía su espacio en la
revista durante la dictadura. En el número que presentó como prueba el
obrero Ratto ante la Justicia para incriminar a Mercedes Benz por su
respaldo publicitario, se reproduce un artículo del coronel austríaco
que sirvió a las órdenes de Hitler. Titulado “Operación Panzerfaust”,
relata una misión que el Führer le encomendó en Hungría para evitar que
este país se rindiera a la Unión Soviética durante la Segunda Guerra
Mundial.
La querella del ex trabajador de la automotriz alemana sostiene que
“se trata de la revista editada por la Jefatura de Inteligencia del
Estado Mayor del Ejército, es decir por la comandancia de los grupos de
tareas (secuestradores, torturadores y homicidas) que participaban del
terrorismo de Estado desatado en nuestro país y que se investiga en esta
causa. Dicha revista contenía material destinado a instruir a los
agentes de Inteligencia y grupos de tareas en espionaje, secuestros y
otros delitos, contra militantes políticos, sindicales, sociales o de
derechos humanos”.
Para los actuales editores, en cambio, “la revista –que se encuentra
abocada a mantener e incrementar el prestigio logrado en sus 50 años de
vida– se ha transformado en un elemento de consulta y actualización
profesional, doctrinaria y técnica sobre la materia, para el personal
militar y civil tanto especialista como no especialista”. Cuando Ratto
presentó su querella no sabía que el Manual de Informaciones, ya en
democracia, seguía publicándose de manera ininterrumpida.
Nota publicada en pagina12 el día Lunes 3 de Octubre ,sección El País